Cuando llega el silencio, se ordenan y aparecen estas historias.

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miércoles, 24 de noviembre de 2021

Donde se esconden mis miedos

 



 

PÁNICO

 

A enterrarte.

Que te borre mi memoria,

que la pierda.

A sentir hambre sin despensa

llorando ante un pecho vacío.

Que la tierra no de nada,

ajada, esperando la lluvia.

Que olvide preguntar, si ya comiste.

Agotar las existencias.

Que se cuele el mar por el abismo.

Clavarme un puñal de remolinos.

Una pistola entre los dientes.

Catapultas de piedras incandescentes.

Con fe, ir al infierno,

Sin fe, salvarme

Y esta herida que no cesa.

 

 

 

 

 


                                                                                                 Título: Donde se esconden mis miedos.

16 de noviembre 2021.

Sulzerain/Julia García.

 

 

 


lunes, 22 de noviembre de 2021

 

RECETAS ALQUÍMICAS

La abuela Guillermina siempre deseo que su tesoro más preciado, el libro de “Las recetas alquímicas”, heredado generación tras generación por el miembro de la familia más idóneo para ello, fuera para su nieta mayor Lucia, pues Guillermina veía en ella el don de la alquímica desde el mismo día que nació. Cada heredero tenía el privilegio de mantener el libro actualizado para su época, pero conservando la tradición, la solera y la magia del recetario. El libro contenía, además de recetas de deliciosas comidas, fórmulas mágicas para cada estación del año y necesidad anímica del momento.

Ahora Lucia iba a estampar su sello personal con una receta elaborada con un pedacito del alma de cada fórmula mágica allí registrada más su aportación única:

Receta: “Elixir sueños de otoño”.

En un frasquito de cristal azul de 150 ml se echa:

―  22 gotitas del rocío recogido en los pensamientos cárdenos que florecen a mediados de septiembre.

―7 estambres de una rosa amarilla que se marchita a principios de octubre.

―  1 pizca de polen de violetas.

―  9 pétalos de clavel blanco.

―1 pizca de fragancias de lavanda, tomillo y geranio.

―  75 ml de agua pura de manantial.

Todo ello se agita bien en el frasquito y se deja reposar 3 horas en un lugar fresco y oscuro.

Pasado ese tiempo el elixir ya estará listo para su uso:

Por la mañana al despertarse tomar 3 gotas de la formula y por la noche verter unas gotitas del elixir sobre la almohada de la cama antes de acostarse.

Duración de remedio mágico: 21 días. 

Esta receta alquímica aportará a tus sueños el toque mágico que precisas en estos momentos.

Maribel

jueves, 18 de noviembre de 2021

POEMA INSPIRADO EN "EL GRITO" DE EDVARD MUNCH

 

 

      "El grito"  de Edvar Munch


CLAROSCURO 

Me niego.

No soporto escuchar el estallido

del silencio que ocupa mis vacíos.

No vuelvo la cabeza,

acaso lo que vea

me alcance y atrape para siempre.

Deseo vivir solo,

ignorante a las curvas del peligro,

admirando desde arriba el precipicio.

Ondulante disfrute el balanceo

que  lleva del éxito al fracaso.

¡Deseo estar siempre en la sombra!

¡Que no me roce el sol ni el ocaso!

tengo  fina la piel y duro el corazón.

Para otros, los mundos inventados,

los cuentos de confeti y caracola,

yo solo amo las olas, por ser olas

y el viento arrebujado entre las rocas,

buscando la salida al otro lado.

Por eso cierro los oídos,

así, ignoro lo  que ruge y os envuelve,

rechazo el artificio que ha crecido

bajo el  mágico pincel de los artistas,

con colores que emborronan a su antojo

lo blanco y lo negro de la vida.

Porque sigo teniendo la piel fina

y cada vez, más duro el corazón.

 

Grétel 03/11/21

miércoles, 17 de noviembre de 2021

EXTRACTO DEL DIARIO PERSONAL DEL PINTOR NORUEGO EDVARD MUNCH

(Texto inspirado por el cuadro de Munch, El grito)


23 de enero de 1892

El grito que me despertó esta mañana ¿Fue real o producto de una imaginación avivada por la absenta?

No suelo recordar sueños, pesadillas o nombres de personas mediocres. Sin embargo, puedo describir lo vivido esta madrugada mientras trataba de apaciguar la borrachera debajo de las mantas.

Me vi rodeado de gente. Mucha. Como no había visto en mi vida. Edificios de cristal, altos como montañas, impedían ver el gris del cielo. La multitud pasaba rauda a mi lado. Vestían ropas muy diferentes a la mía y de infinitos colores.

No se miraban a los ojos. Todos, sin excepción, caminaban pendientes de lo que sucedía en un pequeño cuadro que portaban en la mano. Llevaban, además, unos tapones en los oídos. Por eso hablaban dando voces.

Pude reconocer mi idioma, aunque sonaran palabras extrañas. Daba igual, no necesitaba escuchar más semejantes mensajes carentes de sentido y trascendencia.

Eran personas vacías, cáscaras veloces resquebrajándose a causa del ruido que salía de sus bocas.

El bullicio logró hacer eco en mi pecho, que empezó a convulsionar a medida que esa gente extraña se movía cada vez más deprisa. Sus voces acabaron fusionándose en un único estruendo.

Tuve que taparme los oídos e intentar gritar más alto. Así evitaría oir la podredumbre que trataba de asfixiarme.

Gracias a Dios, tuve éxito en mi cometido. Pude huir de aquel Infierno colmado de almas estúpidas y desperté embarrado en mis vómitos pero arropado con el silencio.


JuanJo González

domingo, 3 de octubre de 2021

LOS LIBROS ANTERIORES (Relato que obtuvo el tercer premio en el II Concurso de Bibliorelatos de Fuenlabrada)

- Buenas tardes, señorita. Disculpe ¿No tendrá el libro de Federico García Lorca, «Poeta en Nueva York»?

Una voz grave me hizo levantar la mirada del escritorio. Al verle, debo reconocer que se me detuvo el corazón. No sólo impresionaba su uniforme de General de la Wehrmacht, también su rostro marcado por la edad y cruzado por varias cicatrices que tenían origen en su ojo derecho, totalmente blanco.

- ¿Perdone?

- Sí. No sé si podría buscar en sus registros «Poeta en Nueva York», de Federico García Lorca. Por favor.

- No es necesario, caballero. Ese libro está prohibido por el Partido. - le señalé mi brazalete con la esvástica.

- ¿Ni siquiera en la Biblioteca Estatal de Berlín guardan una copia?

- No, lo siento. Lo tuvimos que quemar. Si me disculpa tengo mucho trabajo que hacer.

- Lamento haberla molestado. Que tenga una buena tarde.

- Gracias.

Salió por el pasillo que formaban las mesas ocupadas por estudiantes y algún que otro vagabundo que acudía a la Biblioteca a leer el periódico. Todos con la mirada pegada a su figura, que abandonaba lentamente la sala de lectura al ritmo de una evidente cojera y del sonido que producían los tacones de su botas.




El viernes siguiente me lo encontré a la salida del trabajo.

- Buenas tardes. No sé si se acuerda de mí.

- Hola, buenas. Sí, claro. No suelen venir muchos generales a pedirnos libros prestados.

- Una verdadera lástima. Si tiene un momento me gustaría invitarle a un café y hablar de libros, señorita...

- Señora. Llámeme Anke. Está de suerte, no tengo nada mejor que hacer. Mejor un vino. - le guiñé un ojo.

- ¡Eso está hecho! - sonrió el militar.

A pesar de la guerra, las noches berlinesas seguían conservando el bullicio y el espíritu irreverente de antaño. Lo que empezó con un vino acabó con dos botellas de champán en un cabaret al que solían acudir los oficiales del ejército, normalmente acompañados de mujeres con las que no estaban casados.

El alcohol hizo mella, al menos en mí. Le pregunté por qué buscaba ese libro, debía saber que estaba 
prohibido. Era obra de un izquierdista y encima homosexual. El no va más.

- Me da igual, como si lo ha escrito el mismísimo Stalin. ¿Sabe? Mi mujer era española, adoraba la poesía y a Lorca por encima de todos. Se sentaba a mi lado en la cama y me recitaba los poemas de «Un poeta en Nueva York» en su idioma natal. Yo no entendía nada pero me gustaba quedarme dormido escuchándola.

Pude ver que, hasta por su ojo inútil, intentaba escaparse una lágrima.

- Quiero confesarle algo, General. Le mentí. Bueno, no lo sé. Tiene que darme su palabra de honor de que lo que voy a contarle queda entre usted y yo.

- Puede confiar en mí, Anke. Sin honor no hay principio ni fin.

- Sólo hay algo que amo más que al Führer y es la Literatura. No sólo es mi trabajo, es mi vida. No podía permitir que quemaran esas obras maestras y escondí todas las que pude.

- La entiendo, los libros son una de mis pasiones. Mi madre siempre decía que aprendí a leer antes que a hablar. Si no es indiscreción ¿Cómo ha hecho para ocultarlos?

- La Biblioteca Estatal tiene millones de ejemplares. No es muy complicado camuflar unos cientos de libros. Tal vez haya alguno de Lorca. - le guiñé un ojo.

- Me gustaría verlos, leerlos. Si no le causa problemas, claro.

- Seguro que sí. El próximo viernes a última hora vuelva a pasarse por la Biblioteca y se los mostraré.

- ¡Trato hecho! - dijo, y besó mi mano.

Como buen caballero, el General llegó puntual a su cita con los libros repudiados por el régimen nazi. No sólo ese viernes, sino muchos más durante casi un año. 
Hasta que desapareció sin dejar rastro.




Otro viernes después del trabajo.

- Buenas tardes, señora Franck. - Me giré esperando que fuera él. Pero no era él. Se me acercó un hombre corpulento ataviado con sombrero, abrigo y guantes negros, vestimenta habitual de la Gestapo.

- ¿Conoce usted a este hombre? – mientras me mostraba una foto del General.

- Sí, somos amigos. Pero hace más de un año que no le he vuelto a ver ¿Qué ocurre?

- Sí, claro, amigos. Le estamos buscando. Acompáñeme, por favor.

Me llevaron al Cuartel General de la Policía Secreta del Estado. Les conté todo lo que sabía del General en el primer interrogatorio, pero no me creyeron. Acabó la inteligencia y comenzó la barbarie en forma de vejaciones y torturas. Tuve que mentir para que parara mi tormento.

- ¡Sí! ¡Éramos amantes! Nos veíamos una vez por semana cuando venía de permiso a Berlín.

- ¡Eso ya lo sabemos, zorra! ¡Dinos dónde está ese traidor o te juro que preferirás morir a pasar aquí otro día!

- ¡No lo sé! ¡Créame, por favor! Nunca me hablaba de su trabajo y apenas de su vida personal. Por más que le pregunté ni siquiera me dijo su nombre. Decía que era lo mejor, que así me protegía.


Jamás les revelé el verdadero propósito de nuestros encuentros furtivos en la Biblioteca. Pasábamos las noches de los viernes disfrutando con la compañía del teatro de Bertold Brecht, de las novelas de Ernest Hemingway, de Jaroslav Hašek, de Romain Rolland o de los poemas de Vladimir Mayakovski.

Gracias a mi encomiable hoja de servicios como militante del Partido Nazi pude salir viva de aquel infierno. Aunque me recluyeron en un campo de reeducación donde fui tachada de adúltera y traidora a la patria. Lo que fuera antes que descubrir la verdad sobre los libros que tan feliz me hicieron.

No volví a saber del General hasta 20 años después de la guerra. Ponían en la televisión un documental sobre los intentos de atentado a Hitler. Al aparecer su rostro comido por las cicatrices en la pantalla, mi corazón experimentó el mismo parón que la primera vez. Barón Friedrich Von
Koppenfels, héroe de la Primera Guerra Mundial y condenado a morir en la horca por el intento de asesinato del Fürher.

Gracias a un amante, agente de los Servicios de Inteligencia del Ejército de los Estados Unidos, averigüé dónde estaba enterrado el General. A pesar de su traición al Tercer Reich, su familia contaba con el dinero y el poder suficientes para que no abandonaran su cadáver en cualquier fosa común, sino junto al de su mujer.

Decidí visitarle. La primera vez que lo hice enterré el poemario de Lorca junto a la sepultura que ambos compartían. Los últimos viernes de cada mes me sentaba sobre la losa de mármol que los cubría y les leía en voz alta algunos de aquellos libros condenados. Antes de irme siempre miraba a la tumba donde yacía la pareja y podía verles dormidos. Él, abrazado a su mujer; y ella, a «Un poeta en Nueva York».



JuanJo González

miércoles, 9 de junio de 2021

ABRAZOS SINTÉTICOS

 (Suena el teléfono)

- Hola, buenas tardes. Servicios de Compañía Lulú. Le atiende Lulú ¿En qué puedo ayudarle?

- ...

- ¿Hola? ¿Me escucha? Aquí Lulú, Servicios de Compañía para la noche o el día.

- Ehhh, sí. Hola señorita Lulú. Encantado de conocerla. Me gustaría contratar un servicio de compañía para esta noche.

- Por supuesto, caballero. Dígame ¿Tiene alguna preferencia?

- Bueno, he visto su anuncio donde presentan su nuevo producto: Androides cambiaformas, creo que se llamaba.

- Eso es. Lo último en el sector y estamos teniendo mucho éxito. Estos androides son una maravilla, pueden adoptar la apariencia de quien desee. Eso sí, no son baratos.

- El dinero no es problema. Cobro una buena pensión como Veterano de la Armada Estelar.

- Perfecto, pues dígame su dirección y esta noche le mando al androide.

Ah, se me olvidaba ¿Alguna especialidad? ¿Sado? ¿Fetichismo? ¿Masoquismo, tal vez? Estos extras se cobran aparte.

- No, no. Con que cambie de aspecto es suficiente. Muchas gracias.

Cuando colgué el teléfono, no sabía qué hacer para matar el tiempo. Así que me volví a duchar y a afeitar.

Usé la loción para el afeitado que solía regalarme mi mujer.


(Tocan el timbre de la puerta)

Las nueve. Es puntual. Al verla entrar por la puerta podría haber pasado por una atractiva mujer de mediana edad sin problemas.

- Hola, cariño ¿Cómo te llamas?

- Eh... Samuel, pero llámeme Sami, señorita.

- Uy, que educado ¿Dispuesto a pasar una noche inolvidable, Sami?

Por cierto, sin ánimo de ofender. Puedo ofrecerte viagra si no tienes. 100 créditos la caja. Una ganga.

- Jeje, no gracias. No la voy a necesitar.

- ¡Vaya! Un machote. Bueno ¿En quién quieres que me transforme, guapetón? ¿Alguna actriz famosa? ¿Una cantante tal vez? Me encanta jugar a adivinar... ¿O prefieres un deportista? Que hable esa boquita.


Le acerqué un álbum de fotos que tenía sobre la mesa.

- Veo que eres un nostálgico. Era muy guapa ¿Cómo la perdiste?

- Fue hace más de 30 años, durante la Primera Guerra Marciana. Mataron a mi mujer en los bombardeos de Madrid.

- Lo siento mucho, cariño. ¿Tienes algún audio o vídeo de ella? También puedo adaptar mi voz.

- No es necesario. Sería su voz, pero no diría lo que siente.

- Perfecto, entonces. Necesito una habitación para hacer la transmutación.

- Puede entrar en mi dormitorio, señorita...

- Esta noche seré Charo.

Me guiñó un ojo y cerró la puerta de mi cuarto. Al cabo de diez minutos la volvió a abrir. Al ver que no salía me decidí a entrar.

En la penumbra estaba Charo, igual que la última vez que la vi. Con la misma ropa y la misma mirada triste que me despidieron al marchar a primera línea de combate en la Luna.

Me quedé paralizado, no supe cómo reaccionar. Ella sí. Se acercó a mí y me abrazó con fuerza.

Tenía tantas cosas que decirle que nunca hice mientras estaba viva...pero no fui capaz.

Sólo pude quedarme llorando, de rodillas, rodeando sus piernas con mi único brazo.

Mientras, ella acariciaba mi cabeza con sus manos sintéticas.


JuanJo González


martes, 1 de junio de 2021

UNAS ÚLTIMAS PALABRAS

Buenas tardes a los familiares del difunto y a todos los presentes.

Mis condolencias. Dios les bendiga.


Debo reconocer que me enfrento a la pelea más dura de todas las que hemos disputado, Rey Terror. Yo, que fui tu gran rival, El Ángel de Michoacán, y que nunca te tuve miedo en vida. Hoy se extinguen casi 20 años de disputas en el ring. Has fallecido como todos los peleadores deberíamos hacer, luchando hasta el final y siempre con tu máscara puesta. Ni la Muerte conoce tu verdadero rostro.

No tenía muy claro qué decir en este nuestro último combate. Así que recordaré el primero de los muchos que tuvimos. Fue donde siempre. Acá, en la Arena de Querétaro. Este pabellón de peleas que podríamos llamar hogar y en el que ahorita nos despedimos de ti.


Desde el vestidor, una simple caseta de ladrillo casi destejada, se podía oir el bramido del público coreando tu nombre. Cuanto más avanzaba por la calleja que conducía al pabellón más retumbaban las palabras Rey Terror en mi pecho. Reconozco que me asusté al descorrer el telón que daba acceso a la cancha y tener que enfrentarme a ese panorama tan hostil.

Antes de dar el primer paso hacia el ring, tomé aire con toda la fuerza que mi máscara me permitía y me inundó una mezcla variopinta de fragancias. Un intenso aroma a sudor era apaciguado por el humo de los puros que se fumaban los charros de las primeras filas. A medida que avanzaba entre las sillas de madera y enea, que se traían de casa los asistentes que abarrotaban la estancia, me llegaba el delicioso olor de tacos recién hechos, que vendían unas viejas cholitas por unos pocos pesos. También pude embriagarme con el aliento a tequila de los más borrachos de la velada, que se abalanzaban sobre mí imagino que para darme ánimos e infundarme valor ante el reto que tenía que afrontar. O eso creí entenderles.

Por fin, pude subirme al ring...estaba en la cima del mundo y me quedé observándolo. La Arena de Querétaro de entonces era una nave rectangular construida sobre albero con bloques de hormigón pintados en franjas horizontales con los colores de la bandera nacional. El techo era de planchas agujereadas de cemento y estaba apoyado sobre unas enormes vigas triangulares carcomidas por el óxido.

Me envalentoné y me alcé sobre las cuerdas de una de las esquinas del cuadrilátero. Brazos en alto y mostrando bien mi disfraz blanco con alas bordadas en oro a la espalda. Grité mi nombre lo más fuerte que pude, pero fue inútil. Ni siquiera yo pude escucharlo. El abucheo fue general y tan abrumador que temí por la integridad del edificio.

Pero se hizo el silencio. Era tu momento. Tu entrada. Todas las luces se apagaron y entre el humo de los habanos y el polvo que había levantado el respetable, sólo se podía ver en la tiniebla el cirio que llevabas en las manos y que iluminaba tu máscara negra adornada con el dibujo blanco de una calavera.


La primera vez que te vi me pareciste el vivo retrato de la Muerte. La misma que te lleva hoy a su lado y que nos deja a los demás un poquito más solos y más tristes.

Descansa en paz, Rey Terror.


JuanJo González

martes, 9 de febrero de 2021

CARTA DE UN SOLDADO ESPACIAL

Qué bonita es la guerra, madre.

Tan guapos, partimos hacia el frente

soldados, androides y milicianos.

Desfilamos bajo la misma bandera,

la del planeta Tierra,

que nos une como hermanos.


Llueven flores, besos y lágrimas

a cada paso que damos.

Sin tener miedo nada,

convencidos de la victoria,

llegamos a la última muralla.


Cara a cara frente al invasor marciano,

veo cada día como somos diezmados.

Cuando la guerra está ya perdida,

aparece nuestro séptimo de caballería,

las bacterias, que los deja fulminados.


Ahora es nuestro turno.

Hacia Marte nos embarcan,

en miles de naves espaciales,

para cumplir con saña,

una deseada venganza.


En el planeta rojo

mi alma se vuelve negra.

Mutilo, asesino y masacro, madre,

a toda criatura no terrestre.

Da igual edad, sexo o condición,

la mayoría son inocentes.


Mis ansias de muerte

saltan por los aires al pisar una mina,

que me arranca la mitad del cuerpo.

Pero tengo suerte,

me deja con algo de vida.


Ahora soy en parte robot,

con ganas de regresar a casa,

de volver a verte, madre.

Y alegrarte la mirada

con mi media sonrisa.


JuanJo González

domingo, 7 de febrero de 2021

BARES








 
Risas ebrias

Reventando de amistad.

Hoy sois sueños lejanos,

abrazos estériles,

besos vacíos,

buscando labios,

que no sean papiroflexia 


Holler González 

DESAMOR EXPRES


 

PALABRAS DESGARRADAS


                       Papel inerte 

               Lo que fueron palabras

                    Ya no son versos




                                   Holler González 

lunes, 1 de febrero de 2021

VENTANA QUE FUE ARPA


Tras los barrotes

Es reclusa del tiempo 

"La soledad"



                         Holler González 
 

 

domingo, 31 de enero de 2021

TÚ ELIGES

Relato inspirado por el cuadro Eleven AM, pintado en 1926 por Edward Hopper.













¡Joder! Por fin descorre las cortinas de la ventana. Llevo tres putos días esperando sin dormir. Ya he perdido la cuenta de las tazas de café y las anfetaminas que llevo en el cuerpo.

A través de la mirilla telescópica del rifle parece más joven que en las fotos que me hizo llegar el cliente. Apenas es una niña, aunque se dedique al oficio más antiguo.

Nunca pregunto los motivos cuando acepto un trabajo, pero reconozco que este encargo despierta mi curiosidad ¿Por qué quieren eliminarla? ¿Se habrá ido de la lengua? No me extrañaría, con semejante profesión.

Bien. Se sienta en ese bonito sillón azul turquesa ¿O es verde? No sé. Totalmente desnuda frente a la ventana, abierta de par en par. Sin pudor.

Parece pensativa, mirando a nada a través del cristal. Piel blanca desconchada por los moratones que se gana con el sudor de su frente.

Su frente. Eso es. Ya la tengo a tiro. Coloco entre ceja y ceja el punto rojo del láser. Un blanco perfecto.

Tomo aire, aguanto unos segundos la respiración y ahora eres tú quien decide el destino de esta chica. Si quieres que este relato acabe como tiene que acabar pasa al párrafo titulado Un trabajo bien hecho. Si, por el contrario, prefieres los finales felices, salta directamente al último párrafo, titulado El tiro por la culata.


Un trabajo bien hecho

Sólo falta apretar el gatillo, pero no puedo. Algo me paraliza. Veo como levanta la cabeza y se queda observándome. Coge el punto rojo con los dedos y lo coloca sobre su pecho.

- Hazlo. Ahora sí - leo en sus labios.

Ya puedo moverme otra vez y hago lo que mejor sé hacer: le rompo el corazón.


El tiro por la culata

Por más que intento apretar el gatillo no puedo hacerlo. Tengo las manos paralizadas.

Se levanta del sillón y se queda observándome ¡Aún tiene el punto rojo del láser entre sus cejas! ¡No puede ser!

Me sonríe y noto descender mi temperatura corporal bruscamente. Alza la mano derecha y me apunta con ella como si fuera una pistola. Lo último que veo son sus labios diciendo ¡Bang!


JuanJo González

DESDE EL BALCÓN



Nubes de enero 

Viajáis con viento frío 

Como gaviotas 




                             Holler González 

Contemplación


  "CONTEMPLACIÓN"


   

 La curiosidad de niña upada en la ventana, la contemplación de la existencia, que vive del otro lado en la viva naturaleza, serán su propia esperanza para recordar en otras épocas.

Lo vivido cuándo niños, queda en el fondo del alma escondido para ser recordado como presente en años venideros: imaginar, vivir un sueño como presente.

Son los recuerdos guardados que hacen mella en los sentimientos. Curiosidad por la existencia de vida en otros mundos; ver para saber, descubrir cosas nuevas de gozo y disfrute a través de  ventanas nuevas, satisfecha del alegre y claro panorama.

Son muchos los nubarrones a través de la vida que aforan a destiempo impidiendo recordar lo bueno y fresco de épocas remotas, cuando todo era felicidad y armonía. Y seguirá viviendo, y seguirá la vida, un día y otro día siempre diferente. Reirá sin ganas, llorará sin culpas, seguirá tras los cristales observando, — recordará su vida.

La alegría, ese afán de ver y aprender en lo más hondo de su interior, que guardará por un tiempo a costa de otros días nublados.

 

Niña vestida de azul upada en la ventana, 

4ª estampa.

   —De Aurelio  Arrieta Errastri—

 

                                                                                                 Carolina Escudero Viyuela (enero 2021)

                                                                                                 


viernes, 29 de enero de 2021

LAS FLORES AZULES


 Un alma sin dueño

 custodia el callejón de los silencios,

 recorriendo sonámbulo 

 la autopista de los miedos.

 Es el vigilante de las flores azules.

 Una noche de temblores e insomnio,

 se hizo escarcha.

 Vómito gris, 

 del Lucifer de la abstinencia.

 Vagó entre la basura.

 Soñó con ser nenúfar de vertedero.

 Corrió las maratones del miedo,

 entre las miradas locas 

 de los dioses borrachos.

 Por fin paró, 

 ardiendo como un bonzo

 entre grafitis.

 Hoy sus cenizas,

 acarician las notas,

 del blues

 de las orquídeas azules.


Holler González 



 

martes, 26 de enero de 2021

MAÑANA EN CAPE COD


Las mieses danzan sinuosas bajo el sol de la mañana. Gertrude las mira desde el ventanal. En su pecho, perdigonazos de recuerdos hostiles punzándole el corazón.
De niña jugó en esos campos, correteando al paso de su fiel Smokie. El perro buscaba la pelota en los trigales, mientras ella dibujaba  sueños de un mañana entre las nubes. Sueños que se quebraron una tarde de agosto de 1923, entre los brazos férreos de Andrew el capataz.
Gertrude ha paladeado la acidez de su secreto en la infinitud de sus noches insomnes.
Hoy, justamente treinta años después del fatídico día, mira atónita la tumba del capataz bajo el fresno seco. Un bando de palomas blancas acaba de ahuyentar al cuervo que se había posado altivo sobre la cruz.
Gertrude sonríe, tal vez pensando, que los fantasmas de su infancia han desaparecido para siempre.
John le lanza un beso amoroso desde el tractor. Ella espera impaciente, mientras de la cocina llega el aroma del café que la brisa ha mezclado con el perfume fresco de los rosales. Los dos amantes se funden en un sudoroso abrazo, jurándose amor eterno.

                                                    Holler González 


 

PINTURAS DE GUERRA

Sólo sus amigos más cercanos le llaman Joe, aunque ya le quedan muy pocos. Cosas que te ocurren cuando tienes cerca de cien años.

El resto de habitantes de la reserva india de Los Cuervo se dirigen a él como Gran Ave, palabras que suenan con un profundo respeto hacia el último jefe de guerra de su nación.

Sólo sale de casa al ocaso, nunca falla a su cita diaria con la puesta de sol. Se sienta en una mecedora quejicosa y enciende la pipa que le regaló su padre, Cuervo Medicina. Apenas le da un par de caladas.

Así pasa las tardes, con la única compañía de los recuerdos y de su perro, el fiel Siempre Dormido.

Muchos le preguntan por qué se queda tanto rato mirando a aquel sucio muro de ladrillos oscuros. La respuesta siempre es la misma.

- Hay palabras como sombras en la pared.

Nadie entiende qué quiere decir. Se limitan a sonreir y desear una buena tarde al viejo jefe.

Sólo él puede ver esas sombras, restos de pintura de palabras que se esfumaron: Te quiero, Luna Blanca Que Sube.


Usaba esa misma pintura para adornar su cara antes de entrar en combate en la Segunda Gran Guerra del Hombre Blanco. De la que regresó como un héroe, como un gran jefe.

Pero nunca sintió tanto miedo como el día que fue a buscar a Luna Blanca Que Sube a casa de sus padres.

- No te lo volveré a preguntar más veces. Quiero que seas mi última y mi primera batalla en esta vida.

Ella dijo sí. Y él se volvió loco, de felicidad. Se arrancó el uniforme y corrió desnudo por las praderas, gritando y cantando como habrían hecho sus ancestros celebrando una gran victoria.

Ahora ella ya no está, pero Joe espera todos los días a que salga la Luna de detrás de la pared donde declaró su amor por primera vez a su esposa.

Y, a medida que la luna blanca sube, una lágrima cae por su piel roja.


JuanJo González

Te espero

 

Edwar Hopper. Cape Cod morning.


El otoño está a punto de caducar y siento en los músculos tirantes sus últimas horas.

Hay solo una carretera que llega hasta aquí, una carretera que se vuelve de tierra y soledad, un camino polvoriento que se llena de piedras y que acaba en esta puerta tras la que te espero.

Podría correr hasta ti, tengo tantas ganas que atravesaría el cristal, lo haría pedazos con las manos. Caminaría con los pies descalzos sobre la aridez de la tierra y te atraparía tan fuerte que casi sentirías que estamos volando.

Prefiero esperarte aquí, arañar la madera de la mesa, aferrarme a ella un poco más, antes de aferrarme a ti. Te espero aquí, quiero observarte de lejos y descubrir si tú también quieres devorar esta distancia, estrujarla con las manos hasta convertirla en arena y que escape entre los dedos.




EL REY DEL TRUENO

Naciste en Santiago de Cuba en 1956, con una cara especialmente bonita, de hecho te hubieran bautizado como Azucena, si no hubiera sido por el descubrimiento de la partera: "Grandiosa pinga que se gasta el morenito". Soltó por su boca de mulata sabia al azotarte las nalgas.

Pasaste la niñez, esculpiendo tu sensibilidad entre los sueños que te traían las olas al malecón, escuchando el trino de los pájaros en el Parque Céspedes. 

Entre tus cuadernos de instituto, se borraban las raíces cuadradas y las ecuaciones, para dar paso a tus primeros sonetos y dibujos de mariposas. Jugabas a imaginar torsos de dioses antiguos en los baños de la universidad.

Pasaron los años y te hiciste un hueco como tabaquera en el Tropicana.

Hoy 14 de noviembre de 2020, ocultas tus labios de botox tras una mascarilla quirúrgica. Toses, estás febril y no has comido, pero en el armario del hostal te espera tu viejo traje de superhéroe para tu próxima actuación.

La noche es templada. Los turistas agolpados en la plaza de Antonio Maceo, esperan expectantes el número de magia y cabaret del grandioso e incomparable Azuceno El Rey del Trueno.

Les miras desde el ventanal con ojos llorosos, te pones el traje y la capa y saltas al vacío.

                                                       Holler González 

lunes, 25 de enero de 2021

Nostalgia

 Es la esperanza en su reflexión con nostalgia y soledad ante la ventana, una niña queriendo entender. Se hace preguntas, quiere saber y no entiende porque no le han explicado nada de ese mundo fuera de su ventana. No comprende el por qué, su abuela no fue a buscarla esa mañana; 

¿por qué tanto silencio, tanta soledad y misterio? —se pregunta.

Es raro que la abuela, con tanto ir y venir por esos caminos, haya olvidado volver a la casa como la contaron.

Desapareció una tarde después del colegio. Alguien indicó mal su camino, o se la llevaron por un campo desconocido y no acertó con su camino.

Ese cuento de los mayores no le convence y se pregunta: ¿Volverá y me querrá como antes?

¡No, mi abuela no me puede engañar!; hay algo que sigo sin entender, porque alguien no me lo dijo claro, y yo mi soledad, sigo esperando.

La reflexión en los pensamientos y la esperanza en el corazón, nos atrapan y ayudan a vivir ante las dudas, incomprensión y nostalgia. 

Chica en la ventana. -- 2ª estampa --

Autora: Antonina Rzhevskaya

 Carolina Escudero Viyuela

 (Enero 2021)

miércoles, 20 de enero de 2021



DEDICADO A ADRIÁN

"Me habría encantado que Adrián hubiera
encontrado un jilguero entre la nieve"


                               El niño en la ventana: Aurelio Arteta

                                               

Marcel se despertó al escuchar al jilguero, como todas las mañanas. Nadie lo sabía, pero entre el niño y el pájaro se había establecido un vínculo especial, inimaginable para el resto de los habitantes de la casa.

Todo había sido producto de la casualidad. Una mañana de enero, cuando la nieve cubría absolutamente todo hasta el horizonte, Marcel abrió la ventana, para dejar entrar el sol en su gélida habitación, y al hacerlo, un pájaro se coló y se posó directamente en su mesita de noche, donde ávidamente picoteó los restos del bizcocho de la merienda del día anterior,  haciéndolos desaparecer. El niño entendió el mensaje, y a partir de entonces abría cada mañana la ventana para que al pajarillo no le faltara alimento.  Después de alimentarse, el jilguero se acurrucaba en la almohada unos minutos para resarcirse del frío, minutos que Marcel aprovechaba para hablarle muy bajito y contarle cómo se sentía. Así, el pajarillo se enteró de que el niño, encantador a sus ojos, no lo era tanto a los ojos de los demás niños, que se burlaban de él por su aspecto escuálido y ojeroso, a consecuencia de la enfermedad que padecía. Por eso desde aquel día acudió cada mañana y desde el alfeizar de la ventana cantaba hasta que Marcel la abría de par en par y sonreía, animándole a pasar.  Lo de menos era ya el bizcocho:  la primavera avanzaba, los árboles estaban repletos de brotes nuevos y había semillas por todas partes. El pájaro volaba entre los muebles de la habitación y se posaba en los hombros de Marcel girando la cabeza, una y otra vez, mientras ensayaba cantos que el niño intentaba repetir silbando, hasta que conseguía escuchar su risa; sólo entonces comía las migajas y volvía de nuevo a su hábitat natural.

Nadie sabe si fueron el pájaro o los tratamientos, quizá la mezcla de ambos; el caso es que Marcel lentamente fue mejorando y cuando ya el verano se intuía, el niño salió a jugar con los otros niños, que quedaron boquiabiertos al ver como el pájaro acudía cada vez que Marcel silbaba, para cantar a dúo, y  poco a poco fue uno más de la pandilla.

Cuando llegó el otoño, el jilguero, con su más afinado canto,  se despidió de Marcel para buscar tierras más cálidas donde pasar el invierno y  el niño lo entendió, porque ambos se comunicaban de una forma especial. Ellos habían aprendido que el corazón no entiende de lenguajes.

Marcel nunca dejó de abrir la ventana en primavera y esperar que su amigo volviera, y el pajarillo, nunca dejó de observarle desde lo alto y dedicarle las notas más altas desde la copa de los árboles. Tan sólo bajó en momentos puntuales y críticos, necesarios para seguir ambos manteniendo el equilibrio.

                                                                                                                     Grétel