Un alma sin dueño
custodia el callejón de los silencios,
recorriendo sonámbulo
la autopista de los miedos.
Es el vigilante de las flores azules.
Una noche de temblores e insomnio,
se hizo escarcha.
Vómito gris,
del Lucifer de la abstinencia.
Vagó entre la basura.
Soñó con ser nenúfar de vertedero.
Corrió las maratones del miedo,
entre las miradas locas
de los dioses borrachos.
Por fin paró,
ardiendo como un bonzo
entre grafitis.
Hoy sus cenizas,
acarician las notas,
del blues
de las orquídeas azules.
Holler González

Muy bueno, Mr. Holler!
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