Naciste en Santiago de Cuba en 1956, con una cara especialmente bonita, de hecho te hubieran bautizado como Azucena, si no hubiera sido por el descubrimiento de la partera: "Grandiosa pinga que se gasta el morenito". Soltó por su boca de mulata sabia al azotarte las nalgas.
Pasaste la niñez, esculpiendo tu sensibilidad entre los sueños que te traían las olas al malecón, escuchando el trino de los pájaros en el Parque Céspedes.
Entre tus cuadernos de instituto, se borraban las raíces cuadradas y las ecuaciones, para dar paso a tus primeros sonetos y dibujos de mariposas. Jugabas a imaginar torsos de dioses antiguos en los baños de la universidad.
Pasaron los años y te hiciste un hueco como tabaquera en el Tropicana.
Hoy 14 de noviembre de 2020, ocultas tus labios de botox tras una mascarilla quirúrgica. Toses, estás febril y no has comido, pero en el armario del hostal te espera tu viejo traje de superhéroe para tu próxima actuación.
La noche es templada. Los turistas agolpados en la plaza de Antonio Maceo, esperan expectantes el número de magia y cabaret del grandioso e incomparable Azuceno El Rey del Trueno.
Les miras desde el ventanal con ojos llorosos, te pones el traje y la capa y saltas al vacío.
Holler González
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