(Texto inspirado por el cuadro de Munch, El grito)
23 de enero de 1892
El grito que me despertó esta mañana ¿Fue real o producto de una imaginación avivada por la absenta?
No suelo recordar sueños, pesadillas o nombres de personas mediocres. Sin embargo, puedo describir lo vivido esta madrugada mientras trataba de apaciguar la borrachera debajo de las mantas.
Me vi rodeado de gente. Mucha. Como no había visto en mi vida. Edificios de cristal, altos como montañas, impedían ver el gris del cielo. La multitud pasaba rauda a mi lado. Vestían ropas muy diferentes a la mía y de infinitos colores.
No se miraban a los ojos. Todos, sin excepción, caminaban pendientes de lo que sucedía en un pequeño cuadro que portaban en la mano. Llevaban, además, unos tapones en los oídos. Por eso hablaban dando voces.
Pude reconocer mi idioma, aunque sonaran palabras extrañas. Daba igual, no necesitaba escuchar más semejantes mensajes carentes de sentido y trascendencia.
Eran personas vacías, cáscaras veloces resquebrajándose a causa del ruido que salía de sus bocas.
El bullicio logró hacer eco en mi pecho, que empezó a convulsionar a medida que esa gente extraña se movía cada vez más deprisa. Sus voces acabaron fusionándose en un único estruendo.
Tuve que taparme los oídos e intentar gritar más alto. Así evitaría oir la podredumbre que trataba de asfixiarme.
Gracias a Dios, tuve éxito en mi cometido. Pude huir de aquel Infierno colmado de almas estúpidas y desperté embarrado en mis vómitos pero arropado con el silencio.
JuanJo González

Tremendo y excelente👍👏😆
ResponderEliminarMuy buen texto Juanjo, con ese toque alegórico tuyo tan característico.
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