Al entrar en la ducha el agua era .... agua.
Estábamos en la estación 747 en la órbita de Acuario desde hace ya 1 año. y ahora preparamos la vuelta a la tierra. Ya habíamos acabado, pero no por haber finalizado sino por falta de presupuesto para seguir con la investigacion. Sería igual que la ida, entraríamos en las vainas de sueño para el viaje que duraría 2 años y ahora tocaba ducharse para el evento.
Está aventura me la plantee como cualquiera de los colegas médicos que salían al extranjero para hacer currículum; pero yo haría algo más, iría al 'extranjero total', iría al espacio exterior. Y así fue.
Pero el agua, el estar sin agua no lo soportaba.
Sin sentir su frialdad en los ríos, su abrazo en el mar o su fuerza en la ola.
Sentirla dentro o irse entre los dedos.
Reír al chapotearla en los charcos o al llorar cálida en mis mejillas.
Verla con cuerpo en los carámbanos de los tejados o esponjosa, cómo algodón dulce, en las nubes.
El agua de la tierra.
Pero aquí no hay agua ni en la ducha. La limpieza es por vapor higiénico sintetizado, eso sí, sale por una ducha.
Salí de la ducha de agua cómo flotando, desnuda, chorreando. Y lenta, muy lentamente, fui a mi habitación. Entraba ya la calidad luz del sol y la maleta estaba aún por cerrar.
La mire, como se mira a la locura, y no la cerré.
Mi viaje al espacio exterior había acabado antes de empezar.
Mi viaje al espacio exterior había acabado antes de empezar.
Mercedes

