Cuando llega el silencio, se ordenan y aparecen estas historias.

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miércoles, 9 de junio de 2021

ABRAZOS SINTÉTICOS

 (Suena el teléfono)

- Hola, buenas tardes. Servicios de Compañía Lulú. Le atiende Lulú ¿En qué puedo ayudarle?

- ...

- ¿Hola? ¿Me escucha? Aquí Lulú, Servicios de Compañía para la noche o el día.

- Ehhh, sí. Hola señorita Lulú. Encantado de conocerla. Me gustaría contratar un servicio de compañía para esta noche.

- Por supuesto, caballero. Dígame ¿Tiene alguna preferencia?

- Bueno, he visto su anuncio donde presentan su nuevo producto: Androides cambiaformas, creo que se llamaba.

- Eso es. Lo último en el sector y estamos teniendo mucho éxito. Estos androides son una maravilla, pueden adoptar la apariencia de quien desee. Eso sí, no son baratos.

- El dinero no es problema. Cobro una buena pensión como Veterano de la Armada Estelar.

- Perfecto, pues dígame su dirección y esta noche le mando al androide.

Ah, se me olvidaba ¿Alguna especialidad? ¿Sado? ¿Fetichismo? ¿Masoquismo, tal vez? Estos extras se cobran aparte.

- No, no. Con que cambie de aspecto es suficiente. Muchas gracias.

Cuando colgué el teléfono, no sabía qué hacer para matar el tiempo. Así que me volví a duchar y a afeitar.

Usé la loción para el afeitado que solía regalarme mi mujer.


(Tocan el timbre de la puerta)

Las nueve. Es puntual. Al verla entrar por la puerta podría haber pasado por una atractiva mujer de mediana edad sin problemas.

- Hola, cariño ¿Cómo te llamas?

- Eh... Samuel, pero llámeme Sami, señorita.

- Uy, que educado ¿Dispuesto a pasar una noche inolvidable, Sami?

Por cierto, sin ánimo de ofender. Puedo ofrecerte viagra si no tienes. 100 créditos la caja. Una ganga.

- Jeje, no gracias. No la voy a necesitar.

- ¡Vaya! Un machote. Bueno ¿En quién quieres que me transforme, guapetón? ¿Alguna actriz famosa? ¿Una cantante tal vez? Me encanta jugar a adivinar... ¿O prefieres un deportista? Que hable esa boquita.


Le acerqué un álbum de fotos que tenía sobre la mesa.

- Veo que eres un nostálgico. Era muy guapa ¿Cómo la perdiste?

- Fue hace más de 30 años, durante la Primera Guerra Marciana. Mataron a mi mujer en los bombardeos de Madrid.

- Lo siento mucho, cariño. ¿Tienes algún audio o vídeo de ella? También puedo adaptar mi voz.

- No es necesario. Sería su voz, pero no diría lo que siente.

- Perfecto, entonces. Necesito una habitación para hacer la transmutación.

- Puede entrar en mi dormitorio, señorita...

- Esta noche seré Charo.

Me guiñó un ojo y cerró la puerta de mi cuarto. Al cabo de diez minutos la volvió a abrir. Al ver que no salía me decidí a entrar.

En la penumbra estaba Charo, igual que la última vez que la vi. Con la misma ropa y la misma mirada triste que me despidieron al marchar a primera línea de combate en la Luna.

Me quedé paralizado, no supe cómo reaccionar. Ella sí. Se acercó a mí y me abrazó con fuerza.

Tenía tantas cosas que decirle que nunca hice mientras estaba viva...pero no fui capaz.

Sólo pude quedarme llorando, de rodillas, rodeando sus piernas con mi único brazo.

Mientras, ella acariciaba mi cabeza con sus manos sintéticas.


JuanJo González


martes, 1 de junio de 2021

UNAS ÚLTIMAS PALABRAS

Buenas tardes a los familiares del difunto y a todos los presentes.

Mis condolencias. Dios les bendiga.


Debo reconocer que me enfrento a la pelea más dura de todas las que hemos disputado, Rey Terror. Yo, que fui tu gran rival, El Ángel de Michoacán, y que nunca te tuve miedo en vida. Hoy se extinguen casi 20 años de disputas en el ring. Has fallecido como todos los peleadores deberíamos hacer, luchando hasta el final y siempre con tu máscara puesta. Ni la Muerte conoce tu verdadero rostro.

No tenía muy claro qué decir en este nuestro último combate. Así que recordaré el primero de los muchos que tuvimos. Fue donde siempre. Acá, en la Arena de Querétaro. Este pabellón de peleas que podríamos llamar hogar y en el que ahorita nos despedimos de ti.


Desde el vestidor, una simple caseta de ladrillo casi destejada, se podía oir el bramido del público coreando tu nombre. Cuanto más avanzaba por la calleja que conducía al pabellón más retumbaban las palabras Rey Terror en mi pecho. Reconozco que me asusté al descorrer el telón que daba acceso a la cancha y tener que enfrentarme a ese panorama tan hostil.

Antes de dar el primer paso hacia el ring, tomé aire con toda la fuerza que mi máscara me permitía y me inundó una mezcla variopinta de fragancias. Un intenso aroma a sudor era apaciguado por el humo de los puros que se fumaban los charros de las primeras filas. A medida que avanzaba entre las sillas de madera y enea, que se traían de casa los asistentes que abarrotaban la estancia, me llegaba el delicioso olor de tacos recién hechos, que vendían unas viejas cholitas por unos pocos pesos. También pude embriagarme con el aliento a tequila de los más borrachos de la velada, que se abalanzaban sobre mí imagino que para darme ánimos e infundarme valor ante el reto que tenía que afrontar. O eso creí entenderles.

Por fin, pude subirme al ring...estaba en la cima del mundo y me quedé observándolo. La Arena de Querétaro de entonces era una nave rectangular construida sobre albero con bloques de hormigón pintados en franjas horizontales con los colores de la bandera nacional. El techo era de planchas agujereadas de cemento y estaba apoyado sobre unas enormes vigas triangulares carcomidas por el óxido.

Me envalentoné y me alcé sobre las cuerdas de una de las esquinas del cuadrilátero. Brazos en alto y mostrando bien mi disfraz blanco con alas bordadas en oro a la espalda. Grité mi nombre lo más fuerte que pude, pero fue inútil. Ni siquiera yo pude escucharlo. El abucheo fue general y tan abrumador que temí por la integridad del edificio.

Pero se hizo el silencio. Era tu momento. Tu entrada. Todas las luces se apagaron y entre el humo de los habanos y el polvo que había levantado el respetable, sólo se podía ver en la tiniebla el cirio que llevabas en las manos y que iluminaba tu máscara negra adornada con el dibujo blanco de una calavera.


La primera vez que te vi me pareciste el vivo retrato de la Muerte. La misma que te lleva hoy a su lado y que nos deja a los demás un poquito más solos y más tristes.

Descansa en paz, Rey Terror.


JuanJo González