Negro,
el primero y el último.
Un abrazo
de terciopelo y vacío,
tan suave como letal.
Allí está,
leche tornándose carbón,
papilla demasiado densa.
Las primeras palabras,
un chillido escupido con rabia:
Ajo.
Un sonajero hueco,
carente de música,
tinta que no escribe,
luz que no se enciende.
Sombra de ojos,
opaca
en el brillo sudoroso
de una discoteca.
Una ola de petróleo
y el último recuerdo.
Celos, envidia,
otro chillido escupido con rabia.
Las palabras,
no importa demasiado cuáles,
abren la piel del pecho,
del suyo propio.
Sangre coagulada,
densa, muy densa.
Y un disfraz
negro, muy negro,
haciéndose pedazos.
Sólo necesitaba escupirlo,
cubrirle a él,
todo amarillo,
para saber que el negro
no le llega al corazón,
roto,
muy roto.
Irene,
19 de febrero de 2019.
PD: Perdón, no tengo ni idea de cómo construir versos. Espero que los disfrutéis.
Lo mejor es la PD. Qué maravilla chiquilla!
ResponderEliminarCómo siempre Mercedes tus testos se ven y se sienten.
ResponderEliminarIrene perdón, me equivoqué de nombre.
ResponderEliminarPues para no sbaer te quedó fantastico. 👏
ResponderEliminarMamma mía!!! Cuanto talento!
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