Tan rojo, tan fuerte.
Me llamó la atención su traje de diablo. Cuernos incluidos. Sin rabo.
Volaba para patear a un gigante calvo como un guisante, que vestía un esmoquin blanco.
Siempre que pasaba frente al quiosco me fijaba en él. Tan rojo, tan fuerte.
No tenía dinero para comprar ese tebeo. Me conformaba con admirarlo a través del cristal e imaginar qué aventura se escondía detrás de ese dibujo.
Pasaron los años y él nunca se fue. Yo sí.
La última vez que le vi, el Sol y el tiempo arrugaron ese rojo tan rojo, tan fuerte.
Juanjo GG
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