Siempre recordaré a Anselmo, «El Sumaker», vacilando con su coche.
Veloz, guapo, potente. Imparable.
Hasta que un castaño centenario le mostró la bandera a cuadros.
Cambió las presuntuosas cuatro ruedas de su bólido por las del andador de su abuelo, «El Fiti».
No soportó la lentitud de su nueva vida. Maldecía cada vez que era adelantado tanto por la derecha como por la izquierda.
Buscó una muerte rápida. Como siempre.
Acelera en paz, «Sumaker».
JuanJo GG
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