La oscuridad mal oliente de las
cloacas no deja de acompañarle desde entonces. Fue una época tenebrosa, en las
profundidades de la ciudad donde el sol no llega ni tampoco la esperanza.
Pero eso pasó, ahora vive en una
casa en las afueras o eso se dice. Si paseas por delante se diría que no esta
habitada. Todas sus ventanas están cubiertas por gruesas cortinas, sus paredes
desgarradas, deslucidas y el jardín una selva de hierbas enrolladas con espinas.
Únicamente, un leve humo que sale a veces por la chimenea nos dice que está
ocupada.
El tendero, que va una vez por
semana para dejarle comida, comenta luego en la taberna que nunca ve a nadie. Al
fondo una puerta abierta, oscura y profunda de donde sale un aire frio y húmedo
parece dispuesta a engullirle. Apartando la mirada, deja la compra, coge el
dinero y la lista de la siguiente semana y raudo sale de la casa.
Y así, semana tras semana.
Cuando está solo pasea por los lúgubres
pasillos de la casa, recordando como sobrevivió en aquel submundo. Allí fue abandonado
por el entonces dueño de la casa al acabar con él sus experimentos.
Con el tiempo, consiguió volver a su ‘hogar’; y ahora,
es él quien experimenta esa fría y húmeda oscuridad con su viejo amigo.Mercedes
Una casa fría tanto como los recuerdos, me gusta.
ResponderEliminarMe gusta Mercedes, me ha recordado a los cuentos de Edgar Allan Poe.
ResponderEliminarQue honor!! Es uno de mis favoritos. Gracias
Eliminar¡Estupendo!
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