Miedo, aprensión y algo de asco. Risas incontroladas entre los niños del barrio.
Era lacio, canoso, no demasiado espeso y descansaba en los extremos sobre dos verrugas.
Solo había algo que me daba más pánico que el bigote.
Que mi vecina, la señora Barrera era muy besucona.
Eugenio Blázquez Sánchez |
Puff, es que lo estoy viendo ... Que feo!!!
ResponderEliminarJajajajajaja. Muy bueno, Eugenio.
ResponderEliminarGenial!!!
ResponderEliminarJajaja. Esos besos que te borrabas con la palma de la mano cuando eramos niños.
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