El cadáver del cazador de mariposas apareció en su gabinete, cosido a alfilerazos.
Las vitrinas donde guardaban su preciosa colección estaban
vacías y un intenso olor a amoniaco, le hizo abrir las ventanas al Inspector de policía.
El inspector Carrión esperó unos instantes a que se disolvieran los
efluvios del amoniaco y el aire fresco de la mañana le hizo agudizar los sentidos.
Tras una ronda de preguntas en el entorno, un detalle trivial un susurro
inteligible de la viuda, le dio la pista de su implicación en el crimen.
Sería largo y tedioso el contar todo el procedimiento. Carrión demostró que los alfilerazos no fueron la causa de la muerte.
Tampoco el móvil fue el robo de las mariposas.
Debo dejar la explicación para otro momento, continuaré después con el informe.
El comisario reclama mi presencia.
Eugenio |
Jo, me has dejado en ascuas!!!😮🤔😬
ResponderEliminarContinuará...
ResponderEliminarJajaja, ¡ese Carrión es un fenómeno!
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